Bario y Pa’Lungan: back to basics!

Deja un comentario Escrito el: 17 agosto, 2013
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Pa LunganLa primera aventura para llegar hasta Bario, el pueblo principal desde las Kelabit Highlands, es el avión que cogemos desde Miri. Es mini-mini…máximo 12 pasajeros, aunque haya algún asiento más que siempre va libre. Cuando llegas al aeropuerto, te dicen que el máximo son 10 kg por pasajero y nos pesan a cada uno en una báscula con el equipaje de mano que vamos a llevar, para no sobrepasar entre pasajeros, maletas y un variadísimo número de paquetes de todo tipo, el peso máximo que puede soportar el avión…glup…

Aereo a elicaY despegamos…detrás mío puedo ver la puerta-escalerilla del avión, que no cierra, digamos, herméticamente…glup…y empieza a elevarse con ese ruido que hacen los aviones de hélice…no tomamos mucha altura, lo que nos deja contemplar el espectacular paisaje…es increíble estar volando sobre el denso y mullido colchón verde que forman las copas de los árboles, parece que puedas aterrizar encima sin miedo a tocar el suelo. El trayecto dura unos 40 minutos y se entiende por qué es tan difícil y largo acceder a Bario con cualquier otro medio de transporte (mínimo 12 horas en coche en un día sin lluvia, por carreteras llenas de baches y barro, donde sólo pueden ir 4 x 4). La pista de aterrizaje es minúscula, o se acierta o se acierta, y el aeropuerto de Bario es poco más que una pequeña caseta con una salita de espera.
Se respira ya otro aire nada más poner un pie en el suelo y eso nos encanta.

A Bario todo llega por avión, la comida, el correo y paquetería…dependen de los dos aviones diarios que conectan Bario con Miri para estar en contacto con la “ciudad”, y eso que Bario es el pueblo más grande (con sólo son 800 habitantes).
Jungle Blues guesthouseNos viene a buscar al aeropuerto Stephen, de la Jungle Blues Guesthouse. Es un hombre introvertido, de pocas palabras hasta que le vas conociendo y descubres que tiene un gran sentido del humor. Con su mujer danesa, Tine (y su pequeño Noah), gestiona una antigua Longhouse, ahora reconvertida en mitad guesthouse y mitad galería de arte, pues es un artista en todas sus facetas. No sólo pinta y ha expuesto en algunas ciudades, también cocina de fábula y toca los intrumentos tradicionales de la región. Todos los mapas que nos muestra sobre las rutas que podemos hacer han sido dibujados por él a mano, de memoria visual. Recomendamos encarecidamente quedaros en su casa, sólo tiene 4 habitaciones, por lo que es muy tranquila y las cenas se convierten en una pequeña cena en família con los otros clientes y Stephen y Tina. Y la comida…entre el excepcional arroz de Bario, famoso en todo Borneo, la piña más dulce que hayáis probado nunca, la carne y huevos fresquísimos de los animales de granja que corretean alrededor de todas las casas del pueblo y algunas verduras y hierbas aromáticas que crecen en la zona, lo unimos todo a manos de nuestros amfitriones y estaréis deseando que llegue el momento de sentaros a la mesa a ver con qué os sorprenden. Y con la comodidad de no tener que pensar en qué pedir, todos los alojamientos de la zona funcionan de la misma forma: por 80 RM (20€) por persona y día está incluído el alojamiento y las 3 comidas del día, aparte de agua, café y té, que está todo el día disponible. Hay una sola ducha con agua corriente (sólo fría) y unas 3-4 horas de electricidad por la tarde-noche.

BarioY ahora toca ganarse la comida…hay varias rutas alrededor de Bario que se pueden hacer en una mañana, como escalar la Prayer Mountain. Son 45 minutos de subida intensa con la ayuda de unas cuerdas que facilitan el ascenso. Hay una iglesia sencilla de madera a pocos metros de la cima. Vale la pena el último esfuerzo para disfrutar de esta vista y absoluto silencio.

La bajada no será más sencilla, menos fatigosa, pero pone a prueba las rodillas, se necesitan igualmente las cuerdas para no bajar rodando.

Otro día vamos a visitar una Longhouse, (tradicionales casas largas y estrechas de madera, con una zona de entrada común que da paso a varias viviendas todas iguales y rectangulares), en la que viven varias famílias. Nos invitan a café y galletas y estamos un buen rato compartiendo experiencias sobre nuestros viajes y saciando nuestra curiosidad sobre el estilo de vida y costumbres de los habitantes de la zona. Por desgracia, la mayoría de jóvenes se están yendo a las ciudades a estudiar, así que la población irá disminuyendo poco a poco. Quizás la llegada de mejores comunicaciones en todos los sentidos frene un poco el proceso en el futuro. Todos son agricultores, principalmente del cultivo de arroz. Como ya habíamos visto en Kuching, la gente de Borneo tiene algo especial, son muy cercanos y amables, les gusta que les cuentes de dónde eres, anécdotas de tu país o de tus viajes, y contarte ellos las suyas.

En Bario sólo hay un local con 2 ó 3 ordenadores para conectarse a internet, que cuando pasamos está la mitad de los días cerrado, y cuando no, la conexión es lentísima, así que nos olvidamos por unos días de las telecomunicaciones (bieeeeen!!!, aún quedan lugares donde eso puede hacerse), ya que nuestros móviles tampoco consiguen coger cobertura más que en algún punto concreto del pueblo.

Road to Pa LunganY si Bario parece limitado en infraestructuras, esperad a llegar a Pa’Lungan. Pa’Lungan es un pueblecito de menos de 100 habitantes, al que sólo puede llegarse andando (no hay carreteras que lo comuniquen) desde Bario, en un “paseíto” de 4 horas. Es posible reducirlo a 3 si se llega en coche hasta Pa’Ukat, donde acaba la carretera desde Bario. Compartimos el camino con una pareja polaca-belga que está en nuestra misma guesthouse. El calor es lo que la hace más dura, pero, a cambio, tenemos suerte y encontramos el camino sequísimo gracias a que no había llovido los días anteriores. Eso es una buena notícia también para no encontrarnos con nuestras amiguitas las sanguijuelas, que hacen acto de aparición tras la lluvia.

Pa LunganNos quedamos 3 días, que se nos pasan volando, en este pequeño paraíso, lejano a los circuitos turísticos, donde llegan unos 3 ó 4 nuevos viajeros al día, que se cruzan con los qu se van por el mismo camino. Y volvemos a hacer otra recomendación, dormir en Batu Ritung Homestay. No se puede describir el placer de levantarse por la mañana con el olor de crepes recién hechos, o pancakes o muffins, según la inspiración de Supang, la entrañable propietaria, natural del lugar, que después de haberse trasladado a Kuching, de donde es su marido, han decidido hace 14 años volver a Pa’Lungan y montar esta guesthouse en la que fue la antigua casa de Supang. Están atentos a todos los detalles, le ponen a todo mucho cariño y pasamos las noches escuchándoles contar un montón de anédotas, Supang es una excelente embajadora de los productos de su tierra, como el arroz, y nos cuenta por ejemplo cómo fue su experiencia cuando fue a Turín, a una feria slow food hace años a la que fue invitada. Son un matrimonio muy trabajador e inteligente y sus puertas siempre están abiertas para cualquier tipo de viajero.
En esta casa se pierde la noción del tiempo. Supang tiene una pequeña habitación, que es su tesoro, donde guarda todos los regalos que le han hecho los visitantes y donde tiene una mesa llenísima de todo tipo de cuentas con las que hacer pulseras, collares…Supang te deja hacerte tú mismo lo que quieras y llevártelo, y elijo hacer (Laura) una pulsera que me tendrá entretenida unas cuantas horas por las tardes.

Doccia di Pa LunganEn Pa’Lungan no hay agua corriente. Dependen del agua que recogen de la lluvia en unos grandes bidones que hay en cada una de las casas, y que luego se filtra. Con ese agua hay que tener para cocinar, lavar la ropa, para la higiene diaria y para beber (usando un filtro), hasta la siguiente lluvia…así que no hay duchas al uso, sino unos grandes cubos de madera con un pequeño cazo con el que tirarse el agua por encima tras enjabonarse. El agua cae directamente al río que pasa por debajo de la casa, al fin y al cabo es todo biodegradable, no? Y el mismo sistema del agua para “tirar de la cadena” (tranquilos, en este caso no van a parar al río los residuos). Back to basics. Todos deberíamos pasar por una experiencia así para aprender a valorar cada gota de agua que sale del grifo, como si ésta nunca pudiera acabarse.
La luz funciona como en Bario, sólo está disponible 4 horas al día desde que se pone el sol. Y si hasta Bario nos parecía complicado el hacer llegar los alimentos, para que lleguen a Pa’Lungan se necesitan nada más y nada menos que 4 medios de transporte: avión hasta bario, 4 x 4 hasta donde acaba la carretera, barca (un trozo del camino se puede hacer por el río) y…búfalos! Los búfalos hacen el último trozo del trayecto, desde el río hasta el pueblo. Como para olvidarse algo de la lista de la compra…

Queríamos dormir un día en la “jungle”, pero el guía que nos ha de acompañar está con otros chicos, así que esperamos a que vuelva y le contratamos para una excursión de un día. El gúia se llama Steven y su leit motiv es “Relaaaaax”, pero no veáis como corre selva adentro, imposible seguirle. Le acompaña su hijo. Nos resulta difícil entender cómo pueden orientarse cuando, literalmente, están abriendo caminos nuevos a nuestro paso entre las ramas,  osea,  que no podían saberse ese camino de antes…y no hay ningún gran árbol que sirva como punto de referencia…realmente es instinto, nunca se han perdido, y eso que muchas veces se adentran bastante para cazar.

Tazze di bambùAl poco rato de empezar a andar, nos paramos en un pequeño refugio y nos hace, en unos minutos, estas tazas, con bambú y ratán, una obra de arte con tan sólo un cuchillo y la materia prima que nos ofrece la naturaleza, sin pulir, al natural. Nos parecen preciosas y muy resistentes, las guardamos como oro en paño.

Michele con la cascata

No sabríamos decir el recorrido que hacemos, pero andamos bastante y llegamos hasta una cascada donde darnos un baño a pesar de que el agua está helada.

Nos paramos a comer los paquetitos de arroz frito que nos ha preparado Supang, nos quitamos las botas y…sorpresa!  Y no sería la única, a Michele se le engancha otra sangujuela en la pierna, llenando de sangre el pantalón, y encontramos otras dentro de las botas intentando atravesar la ropa. Se han cumplido nuestros temores y ahora podemos saber qué se siente cuando se te pega una de estas chupópteras. El guía se parte de risa con nosotros, cuando nos vamos parando a revisar los calcetines a cada rato.

Sanguisuga sul piede di Laura

Cinghiale in spalla

Y llega la sorpresa final. Ya volviendo, aparece el hijo del guía con una especie de mochila a cuestas y cuál es nuestra sorpresa cuando al girarse vemos que lo que lleva a las espaldas es un jabalí.  Fresco, fresco del supermercado de la jungla. Lo han cazado entre los 6 perros que nos acompañaban. Y qué mejor que el río para despiezarlo y llevarlo a trozos limpito a casa para hacerlo a la barbeque…

Michele con la coscia del cinghiale

El gúia coge una pierna y le dice a Michele “Llévale este trozo a Supang”, como quien dice que lleves pan.

Después de algunos resbalones con el barro y 6 horas desde la salida, la ropa que era blanca vuelve marrón, los calcetines bañados en barro, y un par de mordisquitos en la piel que no paran de sangrar, pero volvemos muy satisfechos de la excursión y hacemos una entrada triunfal, pierna a la espalda, diciendo aquello de: ¡traemos la cena! (ante la mirada atónita de los nuevos viajeros que acababan de llegar).

aquí todas las fotos

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