Pune, irremediablemente ligado a Iyengar y Osho

Deja un comentario Escrito el: 8 septiembre, 2014
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International Osho centerPune es una ciudad que desde hacía tiempo llamaba nuestra atención. Famosa por ser la ciudad que acoge el ashram de Osho, con las controvertidas y variadas opiniones que habíamos escuchado al respecto, así como ser la ciudad donde se encuentra uno de los centros de yoga más famosos del mundo, el del maestro B.S.K. Iyengar.
Cansados de cambiar de guesthouses y hoteles cada poco, alquilamos un apartamento en el barrio del ashram de Osho, en la zona de Koreagon Park, y que resulta ser precioso, tanto el apartamento, como la zona residencial en la que se encuentra.

Al contrario de lo que nos habíamos imaginado, Pune es una ciudad moderna, en la que residen bastantes expatriados (casi todos concentrados en Koreagon Park), enviados desde algunas de las múltiples empresas occidentales que tiene aquí sede (muchas del sector automoción). Por ese motivo, Pune nos parece decididamente bien organizada. Hacía tiempo que no veíamos pasos de peatones con semáforos, primer intento de ajustarse a las normas de circulación. Por si fuera poco, Pune parece disfrutar de un microclima generoso para ser el mes de junio. El calor no es sofocante como era en Calcuta en este mismo mes, a pesar de ser la estación premonzónica, notoriamente calurosa y húmeda. Esta sensación nos es confirmada por un matrimonio italiano que reside en Pune, con quien intercambiamos un par de charlas en un café (siendo el Starbucks, no muy indian style, el lugar de reunión de todos los expats de la zona), así como por un grupo de ingenieros españoles que residen allí desde hace varios años, también.

Pune es la sede principal de uno de los maestros de Yoga hindúes más famosos del mundo, B.S.K Iyengar, que actualmente tiene 94 años de edad (desgraciadamente, muere un poco más tarde que nosotros visitáramos su escuela, el 20 de agosto de 2014). Iyengar ha exportado su método de enseñanza, descrito en varias publicaciones y seguido por miles de alumnos en todo el mundo. Para acceder a un curso de formación de profesor de yoga certificado en la escuela de Pune, ahora gestionada por dos de sus hijos, se necesita demostrar una experiencia previa en la práctica del yoga (con su metodología) de almenos 8 años, y aún así la lista de espera puede llegar a casi 2 años!

Dinanzi al centro Iyengar di Pune

En la puerta de acceso al centro Iyengar de Pune

Así que vamos a visitar la sede principal con gran curiosidad. La entrada es libre. Todo el edificio está lleno de fotografías suyas y diplomas. A pesar de la fama mundial, la sala principal de práctica y formación mantiene un aspecto austero, eso sí, llena de cuerdas, esterillas, banquitos, cojines, etc. que ayudan al alumno a alcanzar posiciones más intensas (o, en su defecto, también aproximaciones a posiciones donde inicialmente no se puede llegar).  El entrenamiento que podemos observar parece libre. Cada estudiante está inmerso en su práctica individual, cada uno realizando diferentes niveles de asanas. Hay quien practica con la ayuda de un cinturón de yoga,  quien está contra la pared realizando asanas invertidas, quien se coloca cuidadosamente sobre cojines para poder realizar ciertas posturas…

sede di Pune - Iyengar

sede di Pune – Iyengar

En el primer piso, hay una pequeña librería donde comprar cualquiera de los libros escritos por Iyengar, así como accesorios habituales a la práctica cotidiana del yoga. Llevados por el entusiasmo del momento, compramos un par de libros, dos cinturones y un bolster (tipo de cojín grande).

Pasemos al ashram de Osho. Seguramente haya sido el primer reclamo a la “colonización” occidental que ha ido sufriendo Pune con el paso del tiempo. Millones de personas de todo el mundo han pasado por aquí, por períodos breves o largos, sobretodo cuando Osho todavía vivía.  Tanto sobre el ashram como sobre su persona se ha dicho y escrito de todo y su contrario, así que preferíamos crear nuestra opinión de primera mano pasando almenos un día (cierto es, tiempo muy corto y superficial) en su ashram.

Contrariamente a todos los ashrams que habíamos visitado anteriormente en India, el de Osho tiene más aspecto de resort de lujo que de un típico ashram hindú, rodeado, por si fuera poco, por un parque a su alrededor.

Está vigilado 24H todo el perímetro que se extiende por varios Km2. En el interior hay desde una piscina cuidadísima, sauna, salas con aire acondicionado, restaurante, una lujosa guesthouse, un centro multimedia y la famosa sala piramidal donde se llevan a cabo varias meditaciones durante el día.

El programa diario del ashram está preestablecido. Se empiza a las 6.30 con la meditación dinámica y la última actividad, a las 19 ó a 20.30, se da en la sala piramidal, donde se reproduce cada tarde un vídeo de Osho. Entremedio, clases de Tai Chi, pintura creativa, varios tipos de meditación, danzas, siendo algunas actividades gratuítas (incluídas en el precio de la entrada, mejor dicho) y otras en las que hay que pagar un extra. La entrada de un solo día cuesta 33€, un precio desproporcionado hasta para occidente. A pesar del coste elevado, el aire del ashram bastante VIP, y el test previo obligatorio del SIDA, Michele decide entrar, así que pasamos a describir la experiencia en primera persona.

Afortunadamente, el dueño del apartamento que alquilamos, que había sido asiduo muchos años al ashram, me presta las túnicas granate y blancas, imprescindibles para la entrada al ashram.

Tras esperar unos minutos al resultado negativo en el test del SIDA, entro.

Durante toda la mañana una pareja de tutores nos acompañan a los recién llegados, explicándonos con todo detalle como se desarrollan las actividades, como está organizado el centro y respondiendo a todas nuestras dudas.  Honestamente, a pesar de la desconfianza inicial, todo va tomando un aspecto diferente.
Está claro que el lugar no está pensado para visitas “turísticas” de un día como la mía, sino para quien quiere permanecer meses y participar en los diversos recorridos de crecimiento personal que el lugar ofrece. El coste, de hecho, es prohibitivo para períodos cortos, y va disminuyendo proporcionalmente a mayor tiempo de estancia. Si a esto se le añade la opción de poder trabajar como voluntario en el centro para disminuir el impacto económico, los números ya empiezan a encajar.

Nuestros tutores nos hacen probar por un ratito la meditación dinámica y la Kundalini, dos de los “must” del ashram. Cualquiera de las dos, dura una hora. La dinámica es sin duda, más cansada (sobretodo físicamente) y aconsejada prácticamente para todos, si bien empezaba a las 6.30 y no da tiempo de participar con la entrada de un día (no dejan entrar hasta las 9.00).

La Kundalini si que la pruebo por la tarde. Los tutores nos aconsejan probar todo de entrada, para luego cada uno se pueda ir orientando a la más afín a sus necesidades y personalidad (en realidad, nos explican que la que menos te gusta es en realidad la más eficaz).

Mi visita al ashram se mueve entre la tumba del Maestro (samadhi), donde se encuentran las cenizas, y una sala abierta donde Osho llevaba a cabo sus famosas conferencias. El samadhi se encuentra en una sala de vidrio completamente aislada acústicamente donde se permanece en silencio durante una hora, sentados sobre cómodos cojines. La atmósfera me recuerda al Matrimandir de Auroville, aunque ésta es más pequeña. Cuando llego a la sala, habiendo leído tantos de sus libros, siento un escalofrío al imaginármela llena, respirando el ambiente que se debía vivir en los años en los que él aún vivía.  El mismo Silvester, dueño del apartamento, nos cuenta lo mucho que ha cambiado el ashram en los últimos años, desde que Osho murió y que él mismo hace años que ya no va, desde cuando ha sentido que su período viviendo prácticamente en el ashram había terminado y ya no necesitaba del lugar para poder encontrar la paz dentro de sí mismo.

Las actividades de la tarde son en las que prácticamente todos participan. Se dan en la enorme sala piramidal, donde solo puede entrarse con la túnica blanca. En el baño me cambio de túnica, de la marrón a la blanca, y estoy listo!  Tras unos primeros minutos de danza en los que se abandona al cuerpo a movimientos espontáneos, tratando de evitar movimientos aprendidos o mecánicos, se asiste a una videoconferencia de Osho. Hay quienes la miran sentados, quienes se tumban por el suelo, quien escucha sus palabras con los ojos cerrados y quien se retira a un rincón y se cubre con una manta blanca.
Reina un ambiente relajado, recogido, íntimo.

Michele con il saio bianco

Michele con ia túnica blanca

He de decir que, a pesar del escepticismo y desconfianza iniciales, la experiencia, aunque cara, ha sido positiva. Al margen de algunas exageraciones como la vigilancia que rodea toda el área, que no te dejen tomar fotografías ni desde fuera del edificio, el test obligatorio del SIDA (también para quien entra por sólo un día), la obligatoriedad de tener que entrar con túnicas de dos colores, los cartelitos que algunos llevan colgando con la frase “No me hables, estoy meditando”, el ashram tiene una organización muy precisa. Está claro que está organizado y pensado (correctamente) sólo para quien quiere realizar un proceso de crecimiento de un mes o más, desenchufando el cable del mundo exterior y sumergirse en las prácticas diarias de meditación que Osho proponía. Una experiencia así queda pendiente…

Dónde dormir:

Súper recomendable el apartamento de Silvester, por la amabilidad de su dueño, la ubicación y lo acogedor del apartamento.

https://www.airbnb.es/rooms/642889

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