Mondulkiri y el viaje en elefanta

(3) comentarios Escrito el: 5 septiembre, 2013
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Elefante en Mondulkiri

Elefante en Mondulkiri

La región de Mondulkiri se encuentra al este de Camboya y es relativamente poco turística. La queremos visitar antes de dirigirnos a Ratanalkiri, desde donde cruzaremos la frontera pra continuar hasta Vietnam. Su capital, Sen Monorom, se encuentra a 650m s.n.m. Nos quedamos 4 noches. El pueblo, que en sí mismo es una única carretera alrededor de la cual discurre la vida cotidiana, nos transmite una vida más sosegada, la gente es amigable, no te asfixian a preguntas; es el lugar ideal para relajarse, respirar aire limpio y tomar contacto con una Camboya más pura.

Después de alquilar una moto (6-7$) nos lanzamos a la carretera, a hacer pequeños tours autoguiados que nos llevan por los pueblecitos más cercanos, que vale la pena no perdérselos. El asfalto se va convirtiendo en tierra y en medio de la campaña se abren caminos a menudo estrechos y polvorientos. Los pueblos consisten básicamente en cabañas de madera, con un único espacio en el que vive toda la família. Las gallinas, cerdos, perros, vacas cruzan la carretera impasibles a nuestro paso.

Tipicas cabañas de los pueblos de la zona

Tipicas cabañas de los pueblos de la zona

Al pasar los niños nos saludan con la única palabra internacional que conocen: “Hello”, saludándonos con su mano. Es rápidamente visible que la edad de jugar pasa veloz aquí y a partir de los 7-8 años, los niños se vuelven indispensables para la gestión familiar. Las niñas se convierten en socorridas canguros de sus hermanos más pequeños, recogen y transportan comida en grandes cestos de mimbre, ayudan en la cocina…mientras que los hermanos “mayores” (10-11 años) ya conducen la moto transportando todo tipo de mercancías. A pesar que el color de sus ropas hace tiempo que se volvió de un marrón permante y que van descalzos, siempre les vemos con una sonrisa en su cara.

Los niños siempre con una sonrisa

Los niños siempre con una sonrisa

La cascada de Bu Sra es la más famosa y grande de Camboya, situada a 37 km de Sen Monorom. Con la moto se llega rápidamente, si bien algunos trocitos no están asfaltados. Nosotros llegamos siguiendo el ejemplo de Cristóbal Colón: queríamos visitar otra cascada situada en otro lugar, y sin
saber cómo, nos encontramos a pocos km de ésta (los carteles no existen por estos lugares). Y menos mal del error, porque es la que realmente vale más la pena visitar.

Cascada de Bu Sra

Cascada de Bu Sra

Sen Monorom también es famosa por la oportunidad de ver elefantes en su habitat natural. Nuestro miedo era encontrarnos con los típicos paseos al estilo circo para los turistas, pero afortunadamente nos equivocamos. Contratar un paseo en elefante cuesta 30$ por persona e incluye un día entero con un guía (con escaso inglés), comida (agua, fruta y “packed lunch”), el “mahout” (la persona que cuida y conduce al elefante) y, obviamente, el elefante, ó elefanta como en nuestro caso, que pertenece a la minoria étnica de los phnong.

Decidimos no utilizar ninguna “basket” (la silla que ponen encima del animal para sentarse más cómodamente), ya que el guía nos comenta que es más incómodo para ellos y se sienten menos libres para moverse (aparte que puede causarles pequeñas heridas por las rozaduras). Cuando nos dice eso tenemos sentimiento de culpa hasta por subirnos en el animal, pero el guía nos asegura que son animales muy fuertes, que pesan 1000 kg y que diariamente transportan a varias personas del poblado (hasta 4), comida, soportaron en su día el transporte de piedras enormes para la construcción de los templos de Angkor, pudiendo arrastrar hasta 500 kg, por lo que el peso de dos personas para ellos no es nada (al fin y a cabo los caballos pesan mucho menos y también llevan personas). Son animales mansos a pesar de su impresionante tamaño cuando se les ve de cerca.

Laura en elefante

Laura en elefante

Para subirnos nos apoyan una escalera de madera en el cuerpo del elefante y ¡para arriba! Estar literalmente piel a piel con el elefante significa sentir sus músculos, huesos y movimientos. La piel es gruesa y dura, o quizás sean más duros los pelos que la cubren, que recuerdan a las hojas de
los pinos y nos van pinchando en las manos al apoyarnos. La primera impresión, estando sentados en la espina dorsal, es de inestabilidad y miedo a caerse. Poco a poco te vas habituando y la atención ya se dirige a evitar darte de cráneo con las ramas de los árboles que pasan sobre nuestras cabezas (los elefantes no llevan espejos laterales y superiores que les permitan calibrar las distancias y si los tuvieran, ¡tampoco los usarían!). El miedo no es infundado, ya que aunque el mahout conduzca al elefante por el bosque, a menudo éste se siente atraído por una tierna caña de bambú y se desvía repentinamente del camino sin preocuparse de quién lleve encima. Sólo con la fuerza de la trompa corta el bambú y se lo come…mmmm que rico…y si por el camino tu te caes o una rama te saca un ojo, ya te apañarás.

Michele en elefante

Michele en elefante

Nos paramos después de dos horas cerca de una cascada para tomar un baño refrescante y comer. Mientras, al elefante lo dejan que vaya en medio del bosque a ponerse las botas de bambú. Pero no somos los únicos a los que les gusta darse un baño en la cascada. Una vez traen de vuelta al elefante (seguimos sus huellas por el bosque para saber dónde anda, si bien no es fácil esconderse dado su tamaño), el mahout lo sumerje completamente en el agua, frotándolo como a un niño que ha vuelto manchado de barro después de un partido de fútbol. El elefante se transforma en un minino, poniéndose de un lado, levantando una pata, dejándose acariciar por el masaje de su patrón, hasta casi pidiéndolo. Es una limpieza a fondo, orejas incluídas (y para lavar las orejas se requiere mucha agua). La simbiosis entre hombre y animal es un verdadero espectáculo de la naturaleza. Volvemos cansados, con el trasero con forma de espina dorsal de elefante, pero muy felices con la experiencia.

La ducha del elefante

La ducha del elefante

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3 pensamientos en “Mondulkiri y el viaje en elefanta

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